NUESTROS MARCO DE REFERENCIA
VENEZUELA Y EL ESTADO MIRANDA COMO ESCENARIO DE APRENDIZAJE Y COMO OBJETO DE ESTUDIO
Las y los ciudadanos estamos rodeados de debilidades y fortalezas que habitan en nuestros países y ciudades; sin embargo; parece que sólo logramos percibir los males y, peor aún, resignarnos a padecerlos. Sin embargo, la escuela puede convertirse en un espacio propicio para cambiar esta situación, para contribuir en la transformación de países, de ciudades, para hacerlas más vivibles, más amables, menos violentas.
Vivir en Venezuela, vivir en la ciudad, no se limita a disfrutar lo que otros hagan, sino más bien a participar en esa necesaria transformación, pensar en el futuro de todos, de cada familia, pero hacerlo desde una posición protagónica, de participación activa y conciencia plena. Venezuela y, muy especialmente el estado Miranda, guardan una vasta riqueza cultural y geográfica que nos configuran en comunidad, en parte de un todo, rasgos que todos tenemos derecho a conocer y a disfrutar, así como el deber de preservar. Hablamos nada más y nada menos que de nuestra identidad, la venezolanidad.
Integrar a los niños y a las niñas a su entorno y promover todo tipo de interacciones enriquecedoras son condiciones fundamentales para que se apropien de los espacios urbanos y les regalen vida, sin restricciones ni limitaciones. Nuestro país, nuestras ciudades, requieren ser reconocidas y reivindicadas, necesitan la oportunidad de mostrar sus cualidades, sus realidades, las personas que las habitan y las que las visitan.
Los niños y niñas tienen el derecho y el deber de intervenir en el diseño de políticas públicas que mejoren las condiciones de vida de sus familias, de sus vecinos, de su comunidad, de su país. Para ello deben conocer sus realidades, conflictos, potencialidades; todo esto, de acuerdo con las posibilidades de actuación en cada nivel escolar.
Trabajar desde este enfoque otorga a los niños y a las niñas la oportunidad de cuestionar situaciones, plantearse soluciones y diseñar proyectos en torno a su propia vida. Les permite formarse como ciudadanos y ciudadanas responsables, conscientes de la necesidad de sustentabilidad del planeta, con nociones sobre la administración de recursos, sobre la gestión de conflictos y en temas propios de la ciudad: el aprovechamiento de los espacios públicos, la vialidad, la administración de desechos, la estética y la contaminación, entre muchos otros.
La necesidad de búsqueda es intrínseca al ser humano, y como decía el Maestro Paulo Freire “No hay búsqueda sin esperanza”. Siempre que emprendemos una búsqueda lo hacemos con la esperanza de que conseguiremos lo que buscamos, incluso sin saber exactamente de qué se trata
Nuestra escuela es canalizadora de búsquedas y multiplicadora de esperanzas.
El autor de Emilio, Juan Jacobo Rousseau, fue uno de los más decididos defensores de la personalidad del niño. Los sistemas educativos de su época no habían reparado en ello. “En el niño se miró siempre al hombre en potencia, sin tener para nada en cuenta su sicología especial, sus reacciones, sus instintos, necesidades y deseos”.
Armando Rojas (1976) refiere las ideas de Rousseau en los siguientes términos:
El principio de la educación de Rousseau se basa en dos ideas fundamentales, el principio de la educación natural y el principio de la libertad. La educación de la época iba toda ella contra estos dos principios. Era una educación artificial y rígida, que pretendía el absurdo pedagógico y humano de que los niños fueran antes que instinto, cerebro y raciocinio. Se pretendía ahogar las reacciones naturales del niño, y los impulsos espontáneos de la edad encontraban un muro de cal y piedra. Tal sistema traía como consecuencia un trastorno en la sicología infantil y un desmedro en su estructura somática. Semejante disparate no era más que el reflejo en el campo de la pedagogía de un mundo en el que el principio de la libertad estaba excluido de raíz y en el que el despotismo era la única regla y norma de las relaciones sociales, domésticas y políticas. (…) La educación natural, según Rousseau, significa, en primer lugar, una educación que siga las normas de la naturaleza “observemos la naturaleza –dice– y sigamos la senda que nos señala. La naturaleza ejercita sin cesar a los niños (…) El concepto de educación natural para Rousseau, entraña una educación para una felicidad natural, ajena a todos los convencionalismos y goces artificiales de la ciudad. “Todo hombre –mujer– quiere ser feliz; más para conseguirlo debemos saber qué es la felicidad”.
CRIANZA NATURAL Y RESPETUOSA
La crianza respetuosa, concepto moderno que retoma elementos ya planteados y los nutre con evidencia de la sicología, neurología, pediatría y ciencias pedagógicas, además de respetar la igualdad de género, es usado para referirse a una de las posibles formas de educar a niños y niñas; se trata de un modelo para abordar la relación parental. Considera a niños, niñas y adolescentes como personas con los mismos derechos que los adultos y con características físicas y psicológicas distintas, por tanto éstas deben considerarse para su desarrollo. En la crianza respetuosa se asume que los seres humanos necesitamos de un apego seguro que nos garantice alimento, protección y amor para nuestro pleno desarrollo. Sus bases fundamentales son: el amor, el respeto y los límites no punitivos. Se trata de responder a las necesidades legítimas de las personas y llenarlas de afecto.
Anne Rifkin Graboi (2009) quiso estudiar el impacto que tienen los métodos de crianza sobre el desarrollo de los bebés, y descubrir si la crianza afecta el cerebro durante este período en particular. Las conclusiones de la investigación fueron que el hipocampo difería entre los niños de acuerdo al estilo de crianza que habían recibido. En los niños cuyos padres eran menos receptivos, sus hipocampos eran un poco más grandes; esto sugiere que los bebés tenían que manejar su propio estrés porque no recibían apoyo de sus padres (el hipocampo es muy importante para el aprendizaje y en la manera de afrontar las angustias). Cuando un padre es atento y receptivo el bebé aprende que se encuentra en un lugar seguro y eso le deja tiempo para explorar su entorno, cuando no ocurre así, el niño debe priorizar pensar en su seguridad y comodidad en lugar de dedicarse a explorar, que es lo que finalmente le permite construir nuevas experiencias, conexiones y aprendizajes.
La crianza respetuosa se caracteriza por:
Empatía: ser capaces de sintonizar con el alma infantil, reconocer y valorar sus necesidades auténticas sin degradarlas a la condición de “caprichos”. La empatía reduce el bullying, desarrolla nuestra capacidad para perdonar y potencias las relaciones sociales.
Capacidad de respuesta oportuna: atender con prontitud las necesidades fundamentales, sentires y expresiones del niño. Para ello es importante aprender a distinguir las necesidades primordiales de aquellas cuya atención pueda postergarse, por no requerir de respuesta inmediata.
Autorregulación: respetar el proceso de desarrollo del niño, estimulando los avances mediante situaciones de enseñanza apropiadas a su nivel de conocimientos, pero sin presiones.
Límites y disciplina razonable: no punitiva, flexible, democrática, humanizada, respetuosa de los derechos del niño.
Indagación personal del equipo: poner en práctica el auto conocimiento para construir recursos emocionales que nos permitan acompañar a los niños que tenemos bajo nuestra responsabilidad de un modo más consciente, con afecto y compromiso por nuestra tarea.
LA ESCUELA COMO EXPERIENCIA GRATIFICANTE Y PLACENTERA
Asistir a la escuela es una experiencia que puede ser maravillosa y enriquecedora o desagradable y contraproducente. En nuestro Instituto siempre será lo primero, porque es hora de pensar en atraer a niños y niñas a la escuela, de empoderarlos de sus espacios, de ofrecerles experiencias y contenidos significativos que constituyan un reto a su inteligencia, de hacerlos soñar con el futuro. Es indispensable que estar en la escuela se convierta en una experiencia intelectualmente gratificante, donde se les reconozcan sus necesidades de aprender, sus emociones, sus tiempos, sus intereses; donde se respeten sus experiencias previas y se les permita construir nuevas conexiones a partir de ellas.
La “educación bancaria” concibe al individuo como un ser vacío que debe ser llenado de saberes que otro posee. Bajo esta concepción, la educación es el acto de depositar o transferir valores y conocimientos en una “mente vacía” y, por lo tanto, es un acto violento. Su función es alienar sujetos, haciéndolos pasivos y adaptados a un mundo incuestionable. De esta manera, tanto más adaptadas estén las personas a ese mundo estático, más educadas serán.
Según esta concepción, asistir a la escuela implica ir a memorizar conceptos de forma mecánica. En consecuencia, la comprensión, la construcción de significados acerca de los contenidos “enseñados” y “aprendidos”, y la posibilidad de comunicarlos, no constituyen aspectos relevantes en esa visión del proceso de enseñanza-aprendizaje. La familia lleva al niño por la mañana, aparentemente vacío, lo deja unas cuantas horas, y luego lo recoge aparentemente lleno de conocimientos nuevos. De esta manera, la escuela se limita a impartir una enseñanza mediocre, lo cual constituye una forma de violencia contra nuestros niños y niñas.
Indudablemente, esa concepción es contraria a la pedagogía del Instituto Maestro Simón. Las ideas del Maestro Simón Rodríguez, Luis Beltrán Prieto Figueroa y Paulo Freire constituyen un aporte fundamental para la transformación que nos proponemos. Este último concibe el deber ser en las siguientes palabras:
Los niños y las niñas deben ir a la escuela a aprender de experiencias que constituyan un desafío intelectual, a pasarla bien, a enamorarse de sus espacios, a disfrutarlos, a convivir con sus compañeros y a aprender de ellos y con ellos. También van a la escuela, a enseñar lo que saben, porque saben mucho, y una escuela responsable aprovecha y estimula el intercambio de saberes.
Es por ello que concebimos la creación de un entorno donde las relaciones humanas funcionan con una visión ética centrada en la empatía y la responsabilidad con ellos mismos y con los otros. En la medida en que la escuela practique la empatía se convertirá en un entorno que brinda protección y seguridad. De estas prácticas derivan otros valores de nuestra institución, como la solidaridad, la tolerancia, la resiliencia y la visión de comunidad.
APRENDER DE QUIENES SE APRECIA: PEDAGOGÍA DEL AMOR
Durante los primeros años de vida -cuando las condiciones son favorables- aprendemos en el seno de un hogar signado por el amor: las caricias de mamá y papá, los consejos amorosos de la abuela. Luego, con la escolaridad, se rompe el vínculo educación-amor, y nos toca adaptarnos a otra manera de aprender, una que marca distancia, que nos aleja de la naturaleza social del ser humano.
La manera más natural de aprender es aquella en que nos sentimos valorados y felices; es decir, aprendiendo de quienes apreciamos y respetamos , y nos corresponden el aprecio.
En nuestro Instituto se practica con convicción la pedagogía del amor, que significa: amor por la enseñanza, estima por aquellos a quienes se enseña, estima de su condición como estudiantes; confianza y expectativas positivas frente a sus capacidades, empeño en que obtengan buenos resultados; en fin, cultivar relaciones de empatía y de respeto que favorezcan el desarrollo integral de niños y niñas.
La actitud del docente constituye un factor clave para la enseñanza, en lo que se refiere a su capacidad para conectarse con sus propias emociones y con las de sus estudiantes. Para esto se requiere tomar conciencia acerca de la necesidad de dejarse apreciar, permitirse un vínculo amoroso con cada alumno y favorecer las relaciones de afecto respetuoso y honesto entre las y los estudiantes.
En su libro La búsqueda del lenguaje, la argentina Ángela Pradelli se pregunta: «¿Alguien puede enseñar a hablar a otro si no lo ama?» En la transmisión de una lengua siempre esté presente el amor como vehículo. Un educador que establece adecuados vínculos afectivos con sus alumnos, logrará que ellos estén más dispuestos a aprender y a comunicarse, que sean más expresivos y participativos, que pierdan el temor a equivocarse y se sientan más seguros. La relación que el docente consiga establecer con los niños y las niñas, tendrá una gran influencia sobre los propósitos de la enseñanza y sobre la vida de cada uno.
EL JUEGO: PRIMER OFICIO DE NIÑAS Y NIÑOS
El juego constituye un elemento básico en la vida del niño. Una de las ocupaciones más importantes durante la niñez es el juego; a través de él, los niños exploran, prueban y descubren el mundo. Por eso, en el Instituto se crean espacios y se destina tiempo para el juego libre y espontáneo tanto como para el planificado con propósitos específicos; para los juegos de intensa actividad física así como para los que representan un desafío intelectual o los que exigen menos esfuerzo por estar más centrados en la diversión y la recreación.
La actividad lúdica desempeña un papel fundamental en la formación de la persona, puesto que constituye una poderosa herramienta para estimular las fuerzas creadoras, para el desarrollo psicomotriz, cognitivo, afectivo y social. Mediante el juego los niños dan rienda suelta a la imaginación, proyectan sus sentimientos, canalizan sus angustias y frustraciones; expresan sus temores, rabias y alegrías; aprenden a entender y a desempeñar distintos roles; construyen normas y reglas sociales.
El juego representa una experiencia placentera y constituye una importante herramienta para el aprendizaje. Mientras juegan, las niñas y los niños también aprenden, y mucho… Como dijo Julio Cortázar en una de sus clases en la que se detuvo a reivindicar el tiempo de juego: “Es difícil concebir una actividad más seria para el niño y la niña que el juego”.
DISCIPLINA SIN VIOLENCIA: LA AUTORIDAD GANADA
Ellos y ellas van desarrollando la capacidad de comprender explicaciones y de razonar si viven en un ambiente donde los valores y el respeto se practican cotidianamente como un modo de convivencia. No es posible disminuir la violencia en casa, en la escuela y en nuestras ciudades, si aplicamos métodos violentos para disciplinar. Gritar, castigar, enviar al rincón de pensar, humillar y descalificar, son formas de violencia que generan daños irreversibles en nuestros niños, y que a veces se replican de manera inconsciente, e incluso se validan como acertadas por padres y docentes. El diálogo y la negociación son recursos fundamentales para nosotros en el establecimiento de límites, para la resolución de conflictos y alcanzar la convivencia en paz.
En la escuela tradicional la autoridad del docente suele sostenerse en el temor que infunde en los estudiantes. En una escuela humanista como la nuestra, que practica la pedagogía del amor, el respeto a la autoridad se construye a partir de la identificación con la figura que ejerce la autoridad, porque constituye un ejemplo digno de admirar por la forma actuar y de tratar a los demás. De esta manera, la autoridad se gana, no se impone.
En la medida en que los niños y las niñas perciban a su docente como un adulto significativo, con quien puedan establecer relaciones recíprocas de estima y afecto, en las que el docente responda a sus necesidades intelectuales y emocionales, entonces, ganará el respeto a su autoridad como resultado de la admiración y la estima. Esto no representa una ventaja individual, es un recurso que favorece la enseñanza y el aprendizaje, y la construcción de las normas escolares y sociales.
LOS APRENDIZAJES SIGNIFICATIVOS
Al alcanzar la edad escolar, las niñas y los niños ya han vivido una importante cantidad de experiencias. Han explorado, escuchado, leído, visto, tocado, olido y probado en diversidad de situaciones. Traen consigo creencias, paradigmas y concepciones respecto a sí mismos y al mundo circundante. De acuerdo con muchos autores, el conocimiento previo del sujeto constituye un factor fundamental para el aprendizaje significativo. En consecuencia, se trata de darle sentido real a lo que sucede en clases a partir de las experiencias y los conocimientos previos de las/los estudiantes.
Paulo Freire (1988) sostiene que la conciencia crítica es fundamental para la liberación, que la enseñanza auténtica no debe ser monológica sino dialógica, es decir, un diálogo permanente entre educador y educando; se aprende cuando se enseña. Freire consideró la necesidad de humanizar al alumno, de crear las condiciones para permitirle transformarse y transformar el mundo. Por su parte, Joseph Novak (1981) plantea que para lograr un aprendizaje significativo es menester que haya un significado contextual.
La idea central de la teoría de Ausubel (1968, 2000) sostiene que entre todos los factores que influyen en el aprendizaje, el más importante es lo que el alumno ya sabe. Es decir, aprendemos a partir de lo que ya sabemos; en consecuencia, es necesario explorar los conocimientos previos del sujeto de aprendizaje para enseñar tomándolos como punto de partida.
La interacción cognitiva entre conocimientos nuevos y previos es la característica clave del aprendizaje significativo. En dicha interacción el nuevo conocimiento debe relacionarse de manera no arbitraria y sustantiva (no mecánica) con aquello que el estudiante ya sabe.
Aprendizaje significativo es aprendizaje con comprensión, con sentido para el escolar, con potencial para ser utilizado en la resolución de nuevas situaciones. Es el opuesto al aprendizaje mecánico.
La segunda condición del aprendizaje significativo es la intencionalidad, la predisposición para aprender. En otras palabras, aprendemos significativamente si tenemos una actitud positiva hacia el aprendizaje, si estamos motivados.
PENSAMIENTO DE DISEÑO
Esta metodología busca que el niño y la niña desarrollen habilidades sobre el modo de pensar en diseño (estudiantes-diseñadores), ejerciten la creatividad y valoren la importancia de la participación colaborativa en la resolución de problemas y situaciones de cualquier tipo (el co-diseño como enfoque para reconocer la participación de las personas en los procesos de diseño y la experiencia como un factor importante para interpretar lo que las personas dicen, piensan y hacen), desarrollo de proyectos, mejora de procedimientos o experiencias, etc.
El pensamiento de diseño usa la sensibilidad y métodos de los diseñadores para conectar las necesidades de las personas con soluciones viables que ofrezcan oportunidades y valor. La aplicabilidad de la disciplina es ilimitada, puede emplearse en distintos campos para generar ideas innovadoras.
El diseño es un rasgo distintivo de nuestro Instituto respecto a otros centros educativos: el hecho de incorporar metodologías relacionadas al pensamiento de diseño en el recorrido escolar, con lo cual esperamos generar innovación, producir soluciones tangibles a problemas tangibles, motivar al estudio más profundo del diseño y de las artes, permitir la creación espontánea y también la creación como resultado de un proceso complejo de interacción social, reflexión, creatividad y aplicación de múltiples competencias como la cooperación, la resiliencia, el pensamiento lógico, entre otros.
Brown (2008) asume este tipo de pensamiento con carácter iterativo para responder al diseño por medio de fases de trabajo para la resolución de problemas, a saber:
Empatizar: comprender las necesidades de los usuarios y del entorno.
Definir: identificar problemas cuyas soluciones serán clave para la obtención de un resultado innovador.
Idear: facilita un pensamiento expansivo, desarrollo creativo y eliminar los juicios de valor.
Prototipar: requiere crear ideas concretas, tangibles en busca de posibles soluciones y mejorar antes de llegar al resultado final.
Probar: contribuye a la identificación de mejoras significativas, fallos a resolver y posibles carencias.